Calzado de seguridad: cómo elegir el modelo adecuado para cada función.
El calzado de seguridad es probablemente el equipo de protección individual (EPI) más utilizado en la vida profesional diaria y, paradójicamente, uno de los peor elegidos. La tentación de elegir en función del precio, la apariencia o la costumbre lleva a muchas empresas a equipar a sus equipos con modelos que no se corresponden con los riesgos reales del trabajo. El resultado son, en muchos casos, lesiones evitables y bajas laborales innecesarias.
Este artículo sirve como guía práctica para gerentes de compras, técnicos de seguridad y gerentes de operaciones que necesitan tomar decisiones informadas sobre calzado de protección.
La lógica de las categorías de riesgo: ¿qué dice la norma EN ISO 20345?
La norma europea EN ISO 20345 define los requisitos mínimos para el calzado de seguridad laboral y establece categorías de protección en función de los riesgos presentes en cada entorno de trabajo. Comprender esta clasificación es el primer paso para elegir el calzado adecuado.
•SB (Seguridad Básica): protección mínima obligatoria: puntera de acero con resistencia a 200 julios. Punto de partida para cualquier calzado de seguridad certificado.
•S1: Incluye zona de talón cerrada SB+, absorción de energía en el talón y propiedades antiestáticas. Adecuado para la mayoría de entornos industriales secos.
•S1P: incluye S1 + plantilla antipinchazos. Adecuado para obras de construcción y entornos con riesgo de objetos punzantes en el suelo.
•S2: Incluye S1 + resistencia a la penetración y absorción de agua en la zona del empeine. Para ambientes húmedos o exteriores.
•S3: Incluye S2 + plantilla antiperforación y suela perfilada. La categoría más completa para construcción, obras públicas y trabajos al aire libre.
•S4 y S5: calzado de caucho o polímero, para entornos con líquidos, productos químicos o condiciones de humedad extrema.
También existen marcas complementarias relevantes: WR (resistencia al agua), CI (aislamiento térmico), HI (aislamiento térmico), AN (protección de tobillos), ESD (disipación electrostática) y SRA/SRB/SRC (índice de agarre de la suela). Cada escritorio puede requerir combinaciones específicas de estas propiedades.
Por sector: ¿qué categorías son las más adecuadas?
Construcción civil y obras públicas
El entorno de una obra de construcción es, por definición, impredecible. El suelo cambia a diario, el riesgo de pinchazos es constante y la humedad es frecuente. El calzado mínimo recomendado para la mayoría de las tareas en la obra es el S3, con suela de goma resistente, plantilla antipinchazos y puntera de acero o de material compuesto. Para tareas con riesgo de descarga eléctrica, es obligatorio el uso de calzado con protección ESD o dieléctrico.
Industria y logística
En almacenes, líneas de producción y plataformas logísticas, los principales riesgos son el aplastamiento por la caída de objetos pesados, los suelos resbaladizos o aceitosos y, en algunos casos, la electricidad estática. La categoría S1 o S1P cubre la mayoría de las situaciones. En entornos con riesgos químicos o derrames frecuentes, se recomienda optar por la categoría S4 o S5. La ligereza del calzado es fundamental en estos puestos: un trabajador que camina 15 km al día dentro de un almacén necesita un calzado que lo proteja sin causarle fatiga.
Electricidad y mantenimiento técnico
Los técnicos electricistas y de mantenimiento que trabajan en instalaciones energizadas necesitan calzado con propiedades dieléctricas certificadas (con marcaje de riesgo eléctrico o dieléctrico) y, en muchos casos, con protección contra descargas electrostáticas (ESD) para entornos sensibles. Precaución: el calzado antiestático y el calzado dieléctrico tienen funciones opuestas y no son intercambiables. Una elección incorrecta puede ser fatal.
Sector agroalimentario
En este sector, los requisitos combinan seguridad e higiene. El calzado debe ser fácil de lavar, resistente a los productos de limpieza, con suelas antideslizantes para suelos mojados (SRC) y, en cámaras frigoríficas, con aislamiento térmico (CI). Los modelos de PVC o caucho (S4/S5) son los más utilizados. El color blanco suele ser un requisito de los protocolos HACCP.
El error más común: ignorar la comodidad como factor de seguridad.
Un trabajador que usa calzado incómodo adapta su comportamiento para minimizar el dolor, y estas adaptaciones suelen ser la causa de accidentes. Caminar de puntillas para aliviar la presión, quitarse los zapatos durante descansos prolongados u optar por modelos no certificados son consecuencias directas de una mala elección inicial.
La ergonomía del calzado —plantilla anatómica, distribución del peso, ancho de los dedos y flexibilidad de la suela— debe considerarse junto con sus propiedades protectoras. Para trabajos que impliquen estar de pie durante muchas horas o recorrer largas distancias, un modelo ergonómico certificado siempre es preferible a un modelo técnicamente superior que los trabajadores rechacen al cabo de una semana.
Cómo organizar el reclutamiento basado en puestos de trabajo en su empresa
El enfoque más eficaz consiste en identificar los riesgos de cada puesto de trabajo antes de seleccionar el calzado. Un técnico de seguridad con experiencia puede cotejar rápidamente los riesgos identificados en la evaluación de riesgos de la empresa con las especificaciones técnicas de los modelos disponibles.
Cuando este análisis no es posible realizarlo internamente, la solución ideal es trabajar con un proveedor especializado que pueda brindar asistencia en la selección técnica, y no solo en la venta del producto. Elegir correctamente desde el principio evita costos de reemplazo prematuros, reduce el riesgo de accidentes y aumenta el cumplimiento por parte de los trabajadores del uso de EPI.
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